Para el visionario artista inglés William Blake (1757-1827), la percepción tiene su origen en la imaginación que, partiendo de los sentidos es, sin embargo, independiente de ellos. De este modo, al considerar la percepción como base de la existencia, Blake llega a anular el concepto de “realidad”, tanto interior como exterior, afirmando el papel fundamental e insustituible de la imaginación como una suerte de percepción visionaria que se produce bajo el dominio de la memoria de los fantasmas de las sensaciones.

Es muy significativo que Blake exprese sus visiones a través del dibujo y la poesía, con las palabras y el lápiz o el buril de grabador. Visiones es precisamente el título de una colección de poesías de este autor que encarna incomparablemente el mito del visionario, logrando expresar su mundo con una inspiración unitaria que se pone de manifiesto en sus composiciones y en sus versos, con absoluta independencia de cualquier teoría.

El poeta Ungaretti, que ha traducido los versos de Blake al italiano, dice: <<El milagro de la palabra es una cualidad en la que Blake no tiene rival. Esta es la razón que en los años 30 me indujo a traducir sus poesías. No fue en ningún sentido un trabajo casual. Si alguna vez ha existido un “inspirado”, ése ha sido sin duda Blake. En relación con él, la palabra “milagro” asomaba constantemente a mis labios y no dejó de suscitar en mí un gran efecto en un período en el que los problemas técnicos parecían obsesionarme [siempre fue una constante de Ungaretti la búsqueda de la pureza esencial a través de la concreción]. El milagro es fruto de la memoria. A fuerza de memoria se vuelve, o se tiene la ilusión de volver, a la inocencia… El tema centrar es el de la libertad del hombre ajeno a las leyes>>

Esta imaginación, que hunde sus raíces en la infancia pura, se expresa en las poesías, en los Proverbios infernales (En la época de la siembra aprende, en la de la recolección enseña en el invierno descansa. / La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la Impotencia. / Si le gusta el agua, echadlo al río. / La eternidad está enamorada de las obras del tiempo. / Las horas de locura se miden por el reloj; las de sabiduría ningún reloj puede medirlas. / Ningún pájaro vuela demasiado alto si vuela con sus propias alas.), en un canto sereno o en una serie de dibujos y grabados animados por un nuevo espíritu, por algo que está allí donde se extingue la memoria y empieza el olvido; el milagro, del que habla Ungaretti, es ahora palabra y signo.

William Blake (1757-1827): Piedad (h. 1795), acuarela; 420 x 530mm
(Londres, Tate Gallery).


Blake, poeta y dibujante, ilustra sus libros, inventando nuevas técnicas de grabado que transforman el dato sensible en visión profética. Sus dulces y terribles visiones reflejan su formación mística y filosófica.

 

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